miércoles, 29 de noviembre de 2017

La realidad de la educación

Niños de 14-17 años con depresión y ansiedad. ¿En qué cabeza puede entrar eso?
Me parece demasiado triste que ocurra esto en España. Lo he visto de cerca, y es deprimente ver cómo un adolescente se siente frustrado porque ninguna asignatura le gusta. He encontrado incluso a personas que por culpa de un profesor han renunciado a la carrera que querían estudiar desde siempre. ¡Viva la pública! Por lo que parece, tienes que ser hij@ de profesor o de médico para que te tomen en serio, o al menos hacerle la pelota al profesor para conseguir nota.
Y en los profesores está el problema: les frustra no haber entrado en lo que deseaban estudiar. Si ellos no pudieron, nadie más puede.
Siendo más jovencita encontré verdaderas barbaridades en un instituto público. Viéndolas ahora, creo que debería haberme ido a otro centro desde un primer momento.
Planteémonos el caso de un profesor de biología. Doy gracias a que no les dio clase a los pequeños del centro, porque vaya ejemplo a seguir. Con frases educativas como "coño, puta mosca" o "voy a mear", nos encontramos ante un hombre claramente educado en Oxford (ja, ja). Se limitaba a leer el libro de primero de bachillerato sin explicar nada, y todo el temario dado se resume en geología (alguna vez nos pasaba piedras, decía el nombre y así pasábamos una clase) y bioquímica. Por otro lado, me parece inaceptable que dé sus ideas políticas, religiosas y de cualquier tipo en el aula. Desde soltar un "viva la República" hasta alegrarse de que sus alumnos no fuesen de religión. Para una alumna católica, frases como "la única iglesia que ilumina es la que está ardiendo", "conozco a una que decía que los negros destiñen" y similares eran motivo para sentirse mal al llegar a casa. Combinado con sus capacidades para dar clase, me desesperaba y me sentía incapaz de aprender. "Pero terminó el temario", dirán... Si yo mandase leer a un alumno 40 minutos (los otros 10 eran tomar una Coca-Cola y llegar tarde), me ventilaría el libro enseguida.
Hay más ejemplos, pero son tantos que creo que los publicaré en un libro. Uniendo los de más personas, se podría hacer hasta una trilogía.
Volviendo al tema, la educación se basa en clases particulares. Muchos profesores son tales ineptos que el alumno pasa 3 horas de la tarde en una academia para aprender algo. Y los que no tengan suficiente dinero, se fastidian. Me encanta, de verdad.
Y selectividad, para qué. Medicina es el ejemplo claro. Estoy realmente harta de ver alumnos que quieren entrar por dinero y no por vocación. Que tengas una matrícula de honor no quiere decir que no te vayas a marear al ver sangre. ¿Qué ocurre con todos los que sacan notas sobre 8-9 y tienen verdaderas ganas de poder ayudar a la gente? Se quedan fuera.
Siempre he comparado las modalidades con pasteles. Humanidades es una tarta con unos ingredientes. Quitando un par y poniendo una pizca de matemáticas, obtenemos una tarta de ciencias sociales. Si añadimos más matemáticas, obtenemos ciencias. Y los pasteles de ciencias se decoran de maneras diferentes para llegar a tecnológicas y biosanitarias. Pero volviendo a la base: ¿es tan difícil ver que en Ciencias se está estudiando análisis de oraciones, fonética (en gallego, por ejemplo) y literatura con ciertos autores que no conoce nadie?
En COU, mis padres no daban literatura y otro familiar no se tuvo que examinar de la lengua de su comunidad autónoma. Y ahí tenemos a dos adultos que entraron en medicina y que la lengua dada en ese año no les ha servido de nada en la vida.
No sé al resto de adolescentes, pero a mí se me quitaron las ganas de tener hijos en un futuro, porque odio verlos sufrir así.

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